miércoles 25 de febrero de 2009

Vida muerta.

Defíneme vida. Ahí quedaste. No lo saben decir los biólogos y vas a saberlo tú, o yo. Simples mortales. Vivos, pero mortales.

Lo que conocemos son las propiedades de lo vivo (organización, movimiento, crecimiento, adaptación, metabolismo, irritabilidad, reproducción, homeostasis) pero nadie sabe a ciencia cierta qué es la vida, cuándo comienza y cuándo termina. Por lo mismo, quien desee intervenir en el inicio o final de la película se mete en dos líos, respectivamente, y según el cristal con que se mire: aborto y eutanasia.

Ya escribí sobre el primero acá. Este post trata, en cambio, sobre la eutanasia, a propósito de la reciente, polémica, mediática y para mí sensible muerte (inducida) de Eluana Englaro. Es este otro asunto peliagudo donde se entrelazan puntos de vista religiosos, éticos, culturales y legales. Me tomaría otro blog explicar punto por punto mi visión sobre las razones y métodos empleados para librar a quien sufre irreversiblemente, del suplicio chino que significa cada nuevo día. Sin embargo, trataré de resumir.

Creo en el viejo concepto griego de que el cuerpo es - o puede ser – la cárcel del alma. Existen ideologías o instituciones que defienden a brazo partido el derecho inviolable a la vida (por lo cual tienen en principio mis respetos). No obstante, y acaso porque desconocemos en profundidad la esencia y el sentido de la vida, pienso que en ocasiones terminan haciendo mal por querer hacer el bien, como apuntan Humphry y Wickett en "El derecho a morir". Si por vida entendemos únicamente las propiedades bioquímicas antes mencionadas, entonces la eutanasia es un crimen. Pero me pregunto si la vida humana puede reducirse a eso. O dicho de otra forma, si un robot merece la categoría de ser humano por estar animado, y aun si fuera completamente autosuficiente. No lo creo.

Es sin duda plausible el esfuerzo científico por mejorar las condiciones de vida de personas sanas y enfermas, oponiéndose a lo que la naturaleza tiene de defectuoso (de hecho, nunca ha sido perfecta. Bella y sabia sí, pero imperfecta). Lo que no me suena tan meritorio es insistir con la idea de que vivimos mejor cuanto más longevos, o que los únicos requisitos necesarios y suficientes para vivir son respirar y asimilar nutrientes. Permitir el deterioro o prolongar el sufrimiento en nombre del derecho a vivir puede ser, dentro de ciertos márgenes, algo tan criminal o degradante como la tortura, sobre todo si el propio paciente expresa el deseo deliberado - y en plenitud de sus facultades psíquicas - de poner fin a su agonía. ¿No es una variedad de materialismo el aferrarse a la carne y huesos? Algo que también deberían pensar quienes se niegan a donar órganos.

Pero tampoco seamos tan ingenuos de ver solamente la cara brillante de la eutanasia activa. Todos sabemos de enfermeras chifladas que fingían asistir al paciente terminal para que descanse pronto en paz, cuando en realidad se trataba de homicidios francos y premeditados. Basta un solo rufián para que cien personas paguen las consecuencias de una ley bien intencionada que haga vista gorda al lado oscuro de nuestra especie.

Un beso para ti, Eluana, donde quiera que estés. Me has enseñado una lección de vida y muerte.

"Vivir no es sólo existir". (G. Marañón)

martes 10 de febrero de 2009

El músculo del amor.

Mira cómo sufre la tripa que late, sentenciada a por lo menos 70 años y un día en su jaula de costillas. Y cómo no, si vino Cupido y la atravesó de lado a lado con una flecha, quedando impune a pesar del cuasi-delito. Tiene buena puntería el petiso volador. No falla una. Bueno, a veces sí, cuando está ebrio (es alcohólico en rehabilitación).

Pobre cuchara. Con repartir sangre por todo el cuerpo y encima filtrarla ya tiene bastante tarea y de pronto: ¡Zas! Le endosan la de enamorarse. Qué manera de explotar al pobre bicho. ¡Denle vacaciones! No para ni domingos ni festivos. Diástole y sístole, diástole y sístole… ¿Hasta cuándo, digo yo? La culpa de todo la tienen los poetas y las parejas, que no encontraron otra víscera igual de bondadosa para zamparle el lío del amor. Si al menos pudiese turnar de vez en cuando con los genitales, digo, para que se divierta un poco. Pero no. Quieren que haga el trabajo sucio y doloroso: sentir, sufrir.

El otro día fui al cardiólogo porque me sentía enamorado. Un cuadro complejo en un individuo poco saludable como yo. Me recetó fármacos para bajar la presión sanguínea y distraer la mente, porque caramba cómo atrapa el rollo amoroso. Es una especie de miopía, de invalidez. Entiendo que en casos graves bloquea el acceso de estímulos nerviosos al cerebro, y el paciente ya no piensa, no atiende razones, anda hecho un sonámbulo. Cuesta creer que en ese estado la gente se inspire, cante, baile y saque fuerzas de flaqueza. Supongo que es asunto ajeno a la ciencia, algo entre milagro y posesión demoníaca, porque no nos pisemos la capa entre súper-héroes: el amor es el orgasmo del alma, y todo orgasmo ocurre a medio camino entre cielo e infierno.

¡San Valentín, mira lo que hicieron con tu memoria! ¡Te dan de patadas en el culo, los muy cretinos! Fuiste patrono de los enamorados, pero ahora te cambiaron por un eslogan, una tarjeta, una caja de bombones y otra de condones. ¿Tanto sacrificio para acabar así? Escucha, hermano: Hazte un favor y ponte a la moda: lo que se lleva hoy no es el amor, sino el sexo…

"En estos tiempos, el amor es un teléfono que no suena". (F. Beigbeder)

miércoles 4 de febrero de 2009

El bicho en Carachos.

He sido cordialmente invitado a participar en carachos.cl, sitio web nacional orientado a difundir un amplio e interesante abanico de temas socio-culturales, desde la perspectiva del ciudadano común, como usted o como yo.

En principio encontrarán algunos "greatest hits" del bicho, aquellos que se ganaron el cariño de los lectores y aficionados a la ilustración en mi país y el extranjero, pero más adelante pienso publicar material nuevo o especial en aquel boliche.

Los invito a visitar carachos.cl y dejar sus comentarios, de apoyo o críticos, en mi primer aporte, haciendo click aquí.

¡Gracias a todos(as) por vuestra fidelidad a la causa maldita!