domingo 21 de junio de 2009
miércoles 3 de junio de 2009
Tu pobre perímetro de poder.
Nadie quiere reconocerse un suche, el último eslabón, aunque íntimamente sepa – o sepa el resto - que lo es. Para conjurar tal disgusto, el hombre mediocre se trenza en pelea sorda contra el espejo oscuro de la verdad a secas, negándolo y desquitándose con los que están un piso más abajo en la cadena alimenticia, si es posible. Expiación patética que como toda droga no resuelve nunca el problema de fondo, pero alivia un rato la presión. Todos alguna vez, pero más que ninguno el eterno frustrado, necesitan hacer uso de su perímetro de poder.
Dar órdenes, ser temido o respetado, influir en los demás, es condición y apetito de todo líder, pero mientras el auténtico líder infunde espontáneamente respeto, el ficticio debe forzarlo, trabajarlo, parirlo con sangre y dolor tanto propio como de quienes caen en su pequeño campo de fuerza, y por lo general cuanto menos extenso sea dicho campo, tanto más estrictas son las leyes físicas que en su interior operan. La revancha de los fracasados.
El escalafón inferior, insignificante, de cualquier organización, especialmente burocrática o de jerarquías verticales (milicia, etc.) suele ser más papista que el Papa. Se toman el reglamento al pie de la letra, según una especie de comportamiento neurótico que parece requisito para la admisión y promoción de dicho personal: dependientes y complacientes con sus superiores, severos con sus subordinados. Quieren ejercitar el don de mando, pensando ingenuamente que es ese el tuétano del liderazgo, como si la melena fuese lo que da al león su estatus en la selva.
Todos nos hemos topado alguna vez con el empleadillo celoso de tercera o cuarta, gesto inflexible y curtido en poner trabas de todo tipo para darse importancia. Quiere ser algo más que un peldaño, un simple casillero en la periferia del organigrama. Quiere justificar su salario, aleccionarnos, probar que sabe de qué habla y que en cuanto nos tiene a su merced deja de ser el último, para ocupar nosotros temporalmente esa plaza, la suya de siempre. Ok, dejemos que sea feliz unos minutos. La amargura se vuelve imbancable sin esos minutos, y en este caso mi compasión supera a la bronca.
“No es digno de mandar a otros hombres aquel que no es mejor que ellos”. (Ciro)
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miércoles 27 de mayo de 2009
¿Qué más quieres?
A propósito de una escena trivial, cotidiana, la anti-noticia por antonomasia, me fui en una volada de esas, aunque no por volada menos verdadera, o valiosa.
La escena: un día común y corriente, sin pena ni gloria, sin sol siquiera; un bostezo del calendario. Veo a mi viejo en su jardín haciendo algo, haciendo nada. Va y viene. Luego cierra el portón.
Por alguna razón - que no es etílica ni estupefaciente - me quedé perplejo, por primera, ante una imagen que seguro he visto miles de veces, repetida y apilada como fotocopias en mi retina y en la sección de cachivaches dentro de mi cabezota (compartimento no menor ni en superficie ni en importancia). Esta vez, sin embargo, tendría un brillo especial, quizás - y aunque suene contradictorio - porque no pasaba nada. El tiempo, las horas y minutos largos y espesos de un día amodorrado, marcando el paso. Un día fome, deliciosamente desabrido o viceversa.
Pensé en el placer de poder echarme a dormir una siesta sin explicación ni rodeos, coronando una tarde-nada. ¿Por qué? Porque sí. Pensé en una casa, un patio y el ladrido de algún perro varias cuadras más lejos. Una cosa simple, como dibujo de petiso, pero que bien mirada tiene harto de lujo. Que levante la mano - o al menos bostece - el que pueda dárselo.
Cuántos desearían hacer nada, tomarse el break, pisar el freno. Cuántos pagarían por una pausa o una almohada para reposar esa cabeza, hecha mierda por urgencias, necesidad, enfermedad o cargo de conciencia. Esto, señoras y señores, la tranquilidad, la chance de estacionar un rato en la berma de la vida, no tiene precio. Para todo lo demás existe Master Card : para todo lo que sobra más de lo que falta.
"Hay algo tan necesario como el pan de cada día, y es la paz de cada día; la paz sin la cual el mismo pan es amargo". (Amado Nervo)
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lunes 18 de mayo de 2009
Álbum estándar.
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miércoles 29 de abril de 2009
Ya no es lo mismo.
Que levante la mano el que no fue alguna vez, cuando petiso, a jugar una ficha de videojuego en esos boliches llenos de máquinas, consolas o Arcade. En mi memoria permanece el nombre “Delta”: Ir a los deltas. Jugar en el delta. Seguramente confundí el rubro con el nombre del local, pero ya es tarde para cambiar de idea. La cosa es que pagabas por una ficha para insertar en la máquina y jugarte 3 vidas. El precio de la ficha era un chiste, excepto para el estudiante sin ingresos. Por lo mismo, cuidabas cada turno como oro y te concentrabas a más no poder para sacarle el jugo y ganar bonus. Y ya cuando el juego te daba una vida extra, es que olvídate. Así eran los orgasmos cuando tu cuerpo aun no conocía el delta que llevamos en la entrepierna.
Pasó el tiempo y me hice viejo, ocupado en tonterías no mucho más coherentes que las de un niño, pero remuneradas. De pronto llega a mis manos este CD con un emulador de videojuegos tipo Arcade. Felices recuerdos inundaron mi cabezota. El sueño del pibe hecho realidad. Nunca más gastar en fichas. Nunca más el miedo a perder una vida. Ahora yo era omnipotente y tenía el botón reset, para empezar de cero cuando me diera la gana. Sin embargo, todo exceso de poder lleva el germen de una tragedia. Ya no había que esforzarse demasiado. No había nada qué perder, salvo la diversión.
Algo parecido me ocurrió días atrás en el supermercado. De chico prácticamente debía montar una cadena de oración para que mis padres consintieran en comprarme tal juguete, o algún caramelo. Hoy, en cambio, con mis bolsillos llenos de billetes ganados a punta de sangre, sudor, lágrimas y ojeras, tengo el poder, el placer y el derecho de comprarme cualquier juguete o bocadillo que desee. Y eso hice. Todo lo que estaba prohibido o era privilegio cuando pendejo pasó de repente a ser la norma, lo preferente. Pero igual que con los deltas, llegó un día en que me vi girando en banda por los pasillos del supermercado. ¿Qué comprar? ¿Qué dulce que no haya probado y sepa distinto? (Todos saben iguales, no vengamos con cuento). ¿Qué carajo echarle al pan, a la copa y a la panza? No entiendo cómo es que la mantequilla, mermelada y dulces de infancia tenían mejor sabor, si venían impregnados de lágrimas. Pero el hecho es que lo tenían.
“Hay más diversión en cazar que en capturar la presa”. (Proverbio)
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sábado 18 de abril de 2009
Buenos comments.
Con este post inauguro una nueva sección del bicho (como es blogtrack): buenos comments. Se trata de opiniones que he dejado - y guardado copia - en cualquier boliche donde exista una ventana de comentarios; especialmente cuando cosecharon aplauso de parte del dueño(a) del sitio, o de sus feligreses. Sin más, empezamos:
Sobre algunos actores: ¿Buen oficio o simplemente buena facha? (2008)
"Discrepo con Lorena. A mí me parece que el análisis de Sofía es bastante contundente. En cualquier caso, ser actriz le da más crédito a su opinión que una vulgar cuestión de gustos o simpatías. Pocas mujeres tendrían buenas razones para juzgar a un actor atractivo estrictamente por la calidad de su oficio.
Muy a nuestro pesar, Sofía, la tv busca "anzuelos" que generen audiencia, y el atractivo físico cumple ese rol. Yo no tengo problema con que estos cuates se dediquen al modelaje o circulen por la vida tapizados de groupies, pero me apena específicamente que roben espacio a actores (jóvenes y viejos) decididamente más talentosos.
Wow! de verdad me sorprendió gratamente tu comment. Junto con la versatilidad que mencionas, recuerdo cuando Raúl Ruiz decía que un buen actor sabe cuando ser "tan importante como una silla", en alusión a que no siempre debes estar al frente, bajo las luces y ese sí que es un ejercicio para educar al ego."
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Sobre voyeurismo y erotismo. (2008)
"Siempre habrá gente que encuentra deliciosa una sandía con solo echarle un vistazo. Otros, en cambio, saben que la única forma de comprobar si tiene buen o mal sabor es dándole una mascada."
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Sobre visita de Ennio Morricone. (Marzo 2008)
"Nada contra Morricone. De hecho admiro su obra. Pero esa histeria popular que rodea a su concierto - y que en buenas cuentas rodea a casi todo lo que cae en la infame clasificación de “gustos masivos” - sencillamente me repugna. ¿Es que no pueden estarse tranquilos? ¿De verdad valoran lo que ven-oyen-tocan o bien es que son incapaces de apreciar algo que no esté bajo luces, o adornado con fuegos de artificio?
Me quedo mil y una veces con la advertencia de Bukowski: “el arte no puede funcionar en medio de multitudes. Y tampoco se encuentra en fiestas ni discursos inaugurales”.
Mis respetos, Ennio, pero prefiero comprar tu disco que ir a “ESCUCHAR” (¿?) tu música en la galucha de donde sea."
"Pesa las opiniones, no las cuentes". (Séneca)
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lunes 6 de abril de 2009
$.O.$.: La maldición del crédito pre-aprobado.
$e e$trenó un nuevo tipo de película de horror: el crédito pre-aprobado. Hace uno$ me$e$ e$ta joda era una mo$ca a la que e$pantaba$ de un manotazo. Hoy, en cambio, e$ un enjambre de abeja$ que zumban y pican ha$ta que la víctima cae rendida, por no decir redonda.
$i como yo ere$ cuenta-correnti$ta, e$tá$ acabado. El Banco quiere pre$tarte dinero. Y no va a tomar un NO por re$pue$ta. E$ un ataque de genero$idad que le$ bajó y te llaman, envían mail$, te joroban de lo lindo, a toda hora y por cualquier vía que $irva para enviar men$aje$, igual que el viejo cartoon del perro Droopy, e$e que aparecía en toda$ parte$ por má$ que le hicieran el quite. Figúrate que ayer me de$piertan a la$ 8AM para darme la buena nueva del crédito pre-aprobado, y ahora me cuentan por mail que en un ge$to inaudito de altrui$mo, el Banco abrirá en día $ábado.
Todo$ pierden con el artificio de la cri$i$, excepto un Banco: in$titución donde hacer leña del árbol caído e$ el má$ pró$pero negocio.
Pero lo peor de todo e$ que haya gente que cae, que $e traga la cantinela. ¿Puede$ creerlo? Tienen razón lo$ que dicen que el tonto $e merece que lo timen.
"En dos ocasiones no debería jugar el hombre: cuando no tiene dinero y cuando lo tiene". (Mark Twain)
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