domingo 30 de noviembre de 2008

Aborto de debate televisivo.

CONDUCTOR: Estimados teleespectadores, tengan ustedes muy buenas tardes. Como es habitual, empezamos nuestro programa de conversación junto a 4 importantes invitados que nos ofrecerán sus puntos de vista sobre temas de actualidad que interesan a ustedes en sus hogares. En fin, no perdamos más tiempo y saludemos a nuestros panelistas del día de hoy.

El primero por la izquierda, don Pedrito, doctorado en sociología, asesor del Ministerio de molicie, etc, etc.
PANELISTA 1: Buenas tardes.
CONDUCTOR: A continuación, don Jorgito, Magíster en ciencia política y candidato a diputado por el PPM (Partido Por la Mitad).
PANELISTA 2: Buenas tardes.
CONDUCTOR: A mi lado, doña Juanita, abogada y presidenta del SDQC (Sepa-Dios-qué-carajo).
PANELISTA 3: Buenas tardes.
CONDUCTOR: ...Y por último, don Luchito, Economista y Presidente de la Fundación (o fundición) de metales nobles.
PANELISTA 4: Buenas tardes.
CONDUCTOR: Y bueno, la pregunta que nos convoca: ¿Está el país creciendo como debería? Mucho se habla de una economía estable y perspectivas promisorias, pero nadie puede hacer oídos sordos a la crisis financiera mundial, y desde luego hemos visto como la inflación parece echar anclas, al mismo tiempo que disminuye el empleo y bla, bla, bla... (10 minutos extra de lugares comunes). ¿Qué piensa usted al respecto, don Luchito?
PANELISTA 4: Bueno, yo creo que…
CONDUCTOR: (interrumpe) ¿Está usted seguro? Las cifras indican lo contrario.
PANELISTA 4: ¡Pero hombre, ni siquiera he podido exponer mi punto!…
CONDUCTOR: Un momento, veamos que opina de sus acusaciones don Jorgito.
PANELISTA 1: Creo que en este aspecto es necesario escuchar la opinión de la gente, porque…
CONDUCTOR: (interrumpe) ¡Faltaba más! Precisamente tenemos en línea a una persona que nos ha contactado vía telefónica, desde la vereda con sombra. Adelante, díganos, ¿qué opina usted de lo afirmado por nuestros panelistas?
ESPECTADOR 1: (Voz en off, desde el teléfono) Mire, yo creo que en este país los ricos quieren robar a los pobres, y por eso el señor que está ahí debería callarse…
CONDUCTOR: Ok, señor. Entendemos su punto. Escuchemos ahora qué nos dice otro teleespectador, desde la vereda con Sol.
ESPECTADOR 2: (Voz en off, desde el teléfono) ¿Aló? ¿Hola, me escuchan?
CONDUCTOR: Perfectamente. Cuéntanos tu opinión. Te quedan 5 segundos.
ESPECTADOR 2: Yo creo que toda la culpa es del gobierno y su maldito discurso populista, porque si te fijas…
CONDUCTOR: Ok, muchas gracias por tu valioso aporte. Sigue con nosotros. ¿Qué puede usted decir al respecto, Sr. Jorgito? La gente común nos demuestra, con sus sabias apreciaciones, que el clima de inestabilidad inquieta a la opinión pública…
PANELISTA 2: Bueno, primero que todo: buenas tardes. Yo quiero asegurar a la ciudadanía, con toda responsabilidad, que si confían en mi gestión y me garantizan el voto en las próximas elecciones, juntos podremos cambiar la situación que nos afecta, porque el proyecto-país que ofrezco apunta justamente a…
CONDUCTOR: (interrumpe) Espere ahí un segundo, don Jorgito. Vamos a una tanda comercial y regresamos en unos minutos.
Tanda comercial.
CONDUCTOR: …Y ya estamos de regreso, para finalizar este análisis a fondo sobre el impacto de la crisis económica mundial...
PANELISTA 3: Disculpe, yo no he hablado. Quisiera decir algo.
CONDUCTOR: lo siento, Sra. Juanita, pero usted acaba de hablar y tenemos que despedir el programa de hoy, confiando en que las ideas aquí discutidas han contribuido a esclarecer el panorama y serán de utilidad para usted, que está en su hogar. Muchas gracias y nos vemos mañana, con otro interesante staff de invitados. No olvide enviarnos sus mails a mecagoentu@opinion.net

"Encuentro la televisión muy educativa. Cada vez que alguien la enciende, me retiro a otra habitación y leo un libro". (Groucho Marx)

lunes 24 de noviembre de 2008

What the Farkas?

Cualquiera que ve la ilustra sin leer se figura que ya tengo candidato para 2009. Lo lamento, chusma inconsciente (parafraseando a don A. Alessandri Palma): tendréis que quedaros con los crespos hechos.

Y hablando de crespos: ¿Qué es esto?, ¿Quién es este greñudo de rizos de oro? (y cuando digo de oro hablo prácticamente en serio); pero sobre todo, ¿Qué pretende?

La caricatura nos muestra a don Leonardo Farkas, excéntrico magnate chileno que amasó cuantiosa fortuna gracias a su gestión en empresas inmobiliarias norteamericanas y luego adquiriendo buena tajada de dos mineras nacionales. A mayor abundamiento, casó con una gringa que, ¡Oh fortuna! Es heredera de la eminente cadena de hoteles Concorde. Todo lo anterior no merece objeciones, sino al contrario, elogios. El problema surge cuando este noble caballero plantea su intención de postularse a la Presidencia y, para más remate, va capturando adeptos. Es hora de hacer unas cuantas advertencias, porque como en todo fiasco político, la culpa la comparten quien ostenta el cargo y quienes le dieron el voto.

Farkas es carismático y extravagante. A sufragar en las recientes municipales llegó en limusina, impecablemente vestido, repartiendo relojes y dinero. La escena y este último gesto fueron argumento suficiente para engatusar al populacho (de todas las clases), que hoy propone al millonario como candidato, y deja en claro que el tristemente célebre aforismo de Calígula sigue más vigente que nunca. Ya no hay dudas: para calzarse la banda presidencial importa cada vez menos la idoneidad. Basta con ser popular.

Días atrás leí este artículo sobre los rasgos que caracterizan al Chile ad portas del bicentenario. Sonia Montecino, reputada antropóloga, señala que somos más faranduleros. Esto es, nos dejamos llevar por la lógica sensacionalista, el imperio del Rating y la fama, (por naturaleza, volátil). Este flagelo amenaza con restar seriedad y en seguida valor a cada esfera que invade y contamina. Nada es 100% inmune al Show, tampoco la política, como muy oportunamente acusa el comediante argentino Enrique Pinti en una de sus rutinas (véala aquí): en vez de promover y exigir una clase política competente, lo que hacemos es permitir a cualquier aparecido con “ganas de cambiar las cosas” abrirse paso hasta el Congreso. Hoy, sin ir más lejos, tenemos actores en ministerios o alcaldías y un modelo de pasarela jugando a concejal. La Cultura Huachaca de Huneeus en gloria y majestad. ¡Que me parta un rayo!

No quiero decir que Farkas sea un incompetente. Sin embargo, tengo ciertas dudas respecto a que el carisma por sí solo, o aun la eficiencia para administrar empresas sean garantía de buen gobierno. Pero si hay algo que no solo dudo, sino además temo, es al criterio de las masas para sufragar. Ya lo escribió Rousseau en Contrato Social (1762): la gente siempre quiere el bien, pero no siempre sabe distinguirlo. ¿No es acaso la simpatía de un Presidente algo mucho más adjetivo que sustancial? Un buen padre no siempre consentirá en lo que sus hijos deseen hacer. Tanto menos debe hacerlo el padre – o la madre – que dirigirá los destinos de una nación. Pero concedo una cosa: la política debe estar lo bastante desprestigiada como para que el electorado proponga un cambio así de extraordinario.

Hay quienes estiman discriminatorio que no se permita a un “hombre común” como Farkas (no inscrito en partido político) postular a la Presidencia. Me pregunto si la campaña de un hombre verdaderamente común – sin grandes fortunas – sería siquiera tomada en cuenta.

"Cuando un pueblo se ha vuelto incapaz de gobernarse a sí mismo y está en condiciones para someterse a un amo, poco importa de dónde proceda éste." (George Washington)

martes 18 de noviembre de 2008

Rancia aristocracia.

Ni idea otros países, pero aquí en la República de Chicle somos aficionados al deporte de dejarse aturdir por apellidos intrincados, impronunciables, en especial cuando denuncian un ancestro foráneo. Y si este proviene de Europa, ya es que equivale a título nobiliario. Puedes pasar de peón a Rey con solo exhibir tu cédula de identidad.

Yo mismo llevo uno de esos raros apellidos. Hago esta advertencia para que no me tomen por resentido social (otros deportes chilensis de gusto masivo: resentir y etiquetar). Sin embargo, jamás se me ocurriría echar mano al mérito - si es que lo hubo - de mis tatarabuelos para presumir de virtud, mucho menos basándome en una sopa de letras como prueba exclusiva y categórica. Un apellido, señoras y señores, no se lleva simplemente. Hay que ganárselo, moldearlo con el martillo de la calidad personal. Y esta Ley incluye a los miembros de cualquier casa real.

A menudo veo u oigo hablar a personas que declarada o sutilmente se pavonean de su linaje. Atesoran las ramas del árbol genealógico con el mismo celo de un filatelista. Incluso hay quienes gozan prefigurando el modo en que una relación matrimonial conseguirá enlazar y perpetuar sus apellidos, enyuntados como dos bueyes con herraduras de oro. Toda esta pandilla de ingenuos suele proferir, sin arrugarse, frases del tipo “sangre azul” o “es que llevo sangre vasca, italiana, o alemana…”, como si la herencia tuviese lugar por medio de la sangre, transmitiera la cultura y su mezcla con supuestos glóbulos plebeyos fuese a contaminar la pureza de la estirpe. No solamente ignoran el punto que sostengo en el párrafo anterior, sino en primer lugar los hechos científicos que indican que los gametos no funcionan mediante el sistema circulatorio, y posiblemente nunca existieron las así llamadas razas puras. Somos mestizos desde que el mono se convirtió en Hombre. ¿O creen ustedes que toda Escandinavia fue siempre nada más que rubiecitos y África, negritos? Abundancia no significa ni uniformidad ni totalidad.

Tiempo atrás leí esta investigación hecha por una compatriota (asesorada por historiadores) que dio lugar a un inventario de apellidos franceses en Chile. Para sorpresa de muchos pseudo-nobles criollos, existen hoy apellidos de origen franco que fueron deformados (Morandé proviene de Morigandais) o lisa y llanamente cambiados por uno español (una maraña parisina fue canjeada por “Flores”). Como si esto no bastara para aguar la fiesta de los aristócratas venidos a menos, hoy se sabe que muchos inmigrantes (primera generación) fueron simple soldadesca, labriegos o incluso polizones del viejo continente, muy distintos a la nobleza de castillos, museos y grandes batallas. ¿Sólo por ser europeos merecen reconocimiento? Jack el destripador también nació en Europa…

¿Y qué me dices de un Spiniak o Tocornal? Aquí se tenían por apellidos deseables, hasta que supimos que pertenecen a dos pedófilos rematados. Nunca fue tan oportuno el refrán: no todo lo que brilla es oro. Muchísimo menos un apellido.

"Los antepasados son lo más importante para quien no ha hecho nada". (Giacomo Leopardi, poeta y erudito italiano [1798-1837])

jueves 13 de noviembre de 2008

El diablo las carga. ¿Quién las dispara?

Estuve por comprarme una enciclopedia sobre armas – blancas y de fuego – a lo largo de la historia. Desde rudimentarias navajas de piedra hasta rifles con mirilla láser, pasando por todo lo que hay en medio: arcos, espadas, puñales, floretes, ballestas, pistolas, arcabuces, escopetas, etc. Muchos de ellos, auténticos prodigios de arte y técnica, con preciosos motivos tallados sobre mangos o cañones, e intrincados mecanismos para conseguir el golpe certero. Cuesta creer que tan delicadas piezas sean utilizadas para hacer daño, o incluso para matar.

Tan pronto descendió del árbol, el homínido primitivo se dio cuenta de su debilidad en comparación con las fieras: más pequeño, más lento. No tuvo otra que desarrollar su cerebro, y gracias a esto pudo proveerse de herramientas, extensión o potenciación de sus capacidades naturales. Algunas de ellas sirvieron muy bien para defenderse o cazar. Se convirtieron en armas. No pasó mucho tiempo, sin embargo, antes de que estos instrumentos fuesen mal utilizados con fines agresivos o violentos, muy diferentes al propósito que los vio nacer (subsistencia). Empuñada por el bruto, un arma es argumento nada razonable, pero muy temible. Confiere poder, aunque no lo legitima per se.

De lo anterior se desprende una pregunta: ¿Para qué sirve un arma? Si bien la primera respuesta que viene a la mente es “para matar”, hemos visto que tal vez no sea la más exacta. Baste agregar que el grueso de las muertes verificadas durante la 2ª G.M. se debió a fuego a distancia (bombardeo aéreo, disparo desde tanques u obuses). Muy pocos soldados fueron capaces de superar el escrúpulo ético que se opone al homicidio e impide a un hombre psíquicamente normal apretar el gatillo. Podemos entonces inferir que un arma sirve para matar cuando cae en manos de un psicópata. Es verdad que buena parte de la historia humana está escrita con sangre, pero me pregunto si muchos de quienes asistieron a un campo de batalla lo habrían hecho voluntariamente. El odio y la colocación de una bala en la recámara de cualquier arma de fuego se enseñan, o se ordenan.

Pensar que una pistola es por sí misma demoníaca equivale a atribuir a la TV o el alcohol la capacidad de envilecer. Más bien depende de quien vea o beba. Nadie condena a una mujer que abrió fuego contra su marido violento o un asaltante, cuando ella actuó en legítima defensa. Repito: defensa. Este mismo criterio es válido para juzgar la utilidad de un arma: se vuelve dañina y repudiable cuando es empleada con fines perversos.

Desafortunadamente, no puedo apostar a ojos cerrados por la sensatez de quienes adquieren o manipulan armas. Ergo, prefiero contemplar estas maravillas instrumentales o mecánicas en una enciclopedia o museo en vez de armerías, al alcance de cualquier comprador (o pelmazo). El Far-west solo funciona en las películas.

"Dinero y pistolas no son sustitutos para cerebro y voluntad". (Dwight D. Eisenhower, Comandante supremo de las fuerzas aliadas en Normandía [1944] y presidente de EEUU [1953-61])

jueves 6 de noviembre de 2008

Sí, podemos.

No lea este post sin escuchar el blogtrack ad-hoc: “A change is gonna come”, Sam Cooke. Haga click aquí.

Este Martes se hizo Historia. Y no precisamente porque un nuevo Presidente de los EEUU - o aun el candidato Demócrata - se llevara el premio mayor, sino más bien porque el hombre ungido con la primera magistratura es nada menos que afro-americano.

Antes que su discurso electoral – con la promesa de cambio como piedra angular - y el golpe infligido por Barack Obama a la maquinaria política tradicional, voy a festejar el ejemplo colectivo de madurez cívica y humana que permitió a una persona de color ascender a la cúspide del poder en un país donde la discriminación racial ha sido constante a lo largo de su historia. No olvidemos que hasta 1960 (y también después) existía en varios Estados del Sur un régimen de segregación según el cual los afro-americanos no solo eran apartados de lugares públicos, sino además les era imposible participar en elecciones, y muchos fueron perseguidos o incluso asesinados. Esta clase de injusticias fue lo que, entre otros aspectos, inspiró al reverendo Martin Luther King Jr. a organizar la célebre marcha por los Derechos Civiles que tuvo lugar el 28 de Agosto de 1963 en la explanada del Lincoln Memorial, Washington D.C. Honestamente pienso que ni en sus mejores sueños King o incluso Michael Moore imaginaron lo que ocurriría el 4 de Noviembre de 2008.

Eran cerca de las 2AM, hora de Chile, cuando un triunfal Obama se encaminó al podio dispuesto en la ciudad de Chicago para hablar a sus seguidores, inmediatamente luego de haber sido electo Presidente de los EEUU. Un espectáculo muy emotivo. Las cámaras de TV enfocaban continuamente a la audiencia y podías ver juntos a individuos de todas las edades y sexos, blancos, negros, latinos, de todas las etnias y colores posibles. Y entre ellos, al reverendo Jesse Jackson, fiel colaborador de Martin Luther King Jr. y frustrado candidato a la Presidencia en 1984 (cuando varios capos de la política estadounidense dijeron que el país “aun no estaba preparado para un Presidente negro”), bañado en lágrimas de júbilo, sin dar crédito a sus ojos. La voz resuelta de Obama, como un martillo, era música para sus oídos. El día vaticinado por King había llegado y Jackson estaba ahí para presenciarlo.

Se ha asestado, pues, un tiro de gracia al racismo. Sobre todo, cuanto que Obama es hijo de padre negro y madre blanca, pero dado que su aspecto denuncia el componente negro, es inexactamente calificado como tal. Aun así, dudo que hoy el mote despectivo tenga validez alguna: un descendiente de esos “negritos” vendidos como esclavos, a quienes estaba prohibido el voto, o siquiera el uso de WCs públicos para blancos, es hoy Presidente de los Estados Unidos de América.

"Tengo un sueño: y es que mis cuatro pequeños hijos vivirán algún día en una nación donde no serán juzgados por el color de su piel, sino por la materia de su carácter." (Martin Luther King, "I have a dream", discurso en el Lincoln Memorial, Washington D.C., 1963)