miércoles 29 de abril de 2009

Ya no es lo mismo.

Que levante la mano el que no fue alguna vez, cuando petiso, a jugar una ficha de videojuego en esos boliches llenos de máquinas, consolas o Arcade. En mi memoria permanece el nombre “Delta”: Ir a los deltas. Jugar en el delta. Seguramente confundí el rubro con el nombre del local, pero ya es tarde para cambiar de idea. La cosa es que pagabas por una ficha para insertar en la máquina y jugarte 3 vidas. El precio de la ficha era un chiste, excepto para el estudiante sin ingresos. Por lo mismo, cuidabas cada turno como oro y te concentrabas a más no poder para sacarle el jugo y ganar bonus. Y ya cuando el juego te daba una vida extra, es que olvídate. Así eran los orgasmos cuando tu cuerpo aun no conocía el delta que llevamos en la entrepierna.

Pasó el tiempo y me hice viejo, ocupado en tonterías no mucho más coherentes que las de un niño, pero remuneradas. De pronto llega a mis manos este CD con un emulador de videojuegos tipo Arcade. Felices recuerdos inundaron mi cabezota. El sueño del pibe hecho realidad. Nunca más gastar en fichas. Nunca más el miedo a perder una vida. Ahora yo era omnipotente y tenía el botón reset, para empezar de cero cuando me diera la gana. Sin embargo, todo exceso de poder lleva el germen de una tragedia. Ya no había que esforzarse demasiado. No había nada qué perder, salvo la diversión.

Algo parecido me ocurrió días atrás en el supermercado. De chico prácticamente debía montar una cadena de oración para que mis padres consintieran en comprarme tal juguete, o algún caramelo. Hoy, en cambio, con mis bolsillos llenos de billetes ganados a punta de sangre, sudor, lágrimas y ojeras, tengo el poder, el placer y el derecho de comprarme cualquier juguete o bocadillo que desee. Y eso hice. Todo lo que estaba prohibido o era privilegio cuando pendejo pasó de repente a ser la norma, lo preferente. Pero igual que con los deltas, llegó un día en que me vi girando en banda por los pasillos del supermercado. ¿Qué comprar? ¿Qué dulce que no haya probado y sepa distinto? (Todos saben iguales, no vengamos con cuento). ¿Qué carajo echarle al pan, a la copa y a la panza? No entiendo cómo es que la mantequilla, mermelada y dulces de infancia tenían mejor sabor, si venían impregnados de lágrimas. Pero el hecho es que lo tenían.

“Hay más diversión en cazar que en capturar la presa”. (Proverbio)

13 comentarios:

Zyrkero dijo...

No es sudor y lágrimas, es solo que te acostumbras a la vida, antes todo era nuevo, todo eran experiencias desconocidas y algunas veces prohibidas. No vuelvas a ser niño, eso es estúpido, cambia el enfoque de la vida, el mundo tiene muchas experiencias desconocidas aun, pero el ser humano refiere llenarse la cabeza de basura frívola como notar que están ahí.

LadySwan dijo...

Querido bichejo:

Andaba yo por estos lares internautas cuando pare mi parloteo mental para leer tus últimas lineas. Minutos antes de leerlas dudé en si tenía que escribir un sms a mi chavalito.. Dejemosle que se crea cazador :P

Padyta dijo...

hey don bicho, la melancolia lo esta atrapando?
a parte del sudor y lagrimas por obtener algo tb influye el ambiente y la compañia, es decir, no es lo mismo una tostada con mantequilla en una tarde de verano a la orilla de algun lago, que en la camita en una mañana de invierno o comerla apurada para no llegar tarde a la pega. El tiempo y el ambiente le da distinto valor a las cosas

Saluditos!!!

dieciocho dijo...

Me gustaría aportar una experiencia similar.

Es muy distinto cuando te pillas la canción que te gusta en la radio que cuando la llevas en un CD y la pones.

El hecho fortuito de encontrar la canción mientras navegas por el dial es más emocianente que la certeza de tenerla cuando quieres

sandra conejeros dijo...

Hoy, de blog en blog llegue al tuyo. Hacia tiempo que no pasaba por aca, y he pasado un grato momento leyendo tus reflexiones. Me genero la sensacion de estar escuchandote en vivo y en directo (y eso que ni conozco tu voz!)
como sea, ha sido una garat visita. Seguro pasare mas seguido.
Mencion aparte merece la ilustra del niño conla moneda!!!
:D
saludines

manteka dijo...

Ahhh, tienes que leer mi entrada sobre emuladores tío , lo veo desde un punto de vista diferente al tuyo, quizás te sirva

http://8bitgeneration.blogspot.com/2008/06/emus.html

y si puedes checa esto en mi otro blog

http://blogdemanteka.blogspot.com/

Saludos y si es cierto en parte , ser un Dios y tener todo al alcance a veces no es divertido,pero recuerda que hay dioses traviesos y muy humanos como Baco o Pan

Emma Dangers dijo...

oh marceloide cada palabra fue un "recuerdo" vigente de mi vida presente ejje.. de las conversaciones con mis amigos, bueee... la costumbre nos hace fomes, pero no! NO hay que perder la capacidad de asombro por ultimo, que eso no se compra, no señor!

=)

besos*

Caco dijo...

ue buen relato, y que buen tema que expones. Es cierto, la percepción que tenemos de nuestras metas, nuestro entorno, nuestras relaciones, cambian con el pasar del tiempo, cuando ocurre lo que algunos denominan "maduración". Se pierde en gran medida la magia y lo nuevo deja de ser novedoso.

Saludos!

Daniel dijo...

Yo creo que el tema pasa porque ahora puedes tener y disfrutar las cosas que de niño parecian lejanas, todo el tiempo que quieras y en cualquier momento. Y eso le quita la adrenalina y de ganas, cuando parecía algo lejano y prohibido.
Saludos

Justbreath dijo...

Las cosas que "cuesta" adquirirlas, nos dan mas satisfaccion cuando las alcanzamos, y eso es asi casi en todos los ambitos de la vida. Las esperas generan ansiedad y la ansiedad hace mas grande el deseo y cuando el deseo se vuelve una bola gigante de ganas + ansiedad, ahi es cuando mas se disfruta si logramos adquirirlo.
Muy bien por tus padres, no solo te enseñaron que para tener lo que uno quiere hay que esforzarse aunque sea minimamente, sino que te dejaron ese gustito distinto y mas lindo de las cosas logradas con el esfuerzo.
Besos!!

**Susana Sánchez Cortés** dijo...

Que bueeen texto y que buen análisis. Uf...da para cien horas conversadas con distintos cafés para no aburrir al paladar :P
Yo creo que la necesidad tiene algo más profundo que la simple carencia de algo. En la carencia tal vez hay millones de cosas incrustadas, por eso no valido la frase el dinero te otorga la felicidad. En lo tácito, jugar videojuegos así como lo describes, me produce una sensación extraña, diría que hasta me pone mal genio lo predecible, posible, dominable, usable. grgrgr, algo como una especie de sangría que se vierte en las neuronas como pidiéndote sentido. Sentido, ese que muchos niños no encuentran en sus juegos de infancia llenos de botones predispuestos, de la educación facilitada y no sacrificada, de la comodidad del exceso...

Otorguemos más y más satisfacción, quitemos el sentido.

Un abrazo!
Sue

mackyantipop dijo...

100 lucas siendo estudiante, es caleta. 100 lucas ahora se van más rápido que no se qué y no sé en qué.

Igual bien sacapica el cuentito. Eso de los bolsillos llenos de plata. Yo soy seca pa llenar el carro del supermercado con cosas ricas. Listas o para cocinar. Ñam! voy a ir a comer algo a la cocina ahora, de hecho.

Luis Santibáñez Miranda dijo...

La emoción adrenalínica estaba unida a la posibilidad concreta de perder los pesos que costo la ficha del Delta y que no se volvían a obtener hasta la próxima mesada. La excitación máxima era cuando la habilidad adquirida te permitia con una sola ficha jugar por horas con el consiguiente desprecio del dueño del local.
Pero la humillación extrema era cuando esperabas determinada maquina toda la tarde para finalmente jugar menos de un minuto, eso si era frustración.
Un abrazo, unaimagenpalabrasmil.blogspot.com