Era una revista, un suplemento femenino que endosan al diario los días martes. En portada, la foto de una chica de las que presentarías a tus padres para luego llevarla a tu habitación, o viceversa. Un acierto del editor y del fotógrafo. Buen gancho para captar lectores. Hasta ahí todo bien; sin embargo, la chica en cuestión no era cualquiera, o tal vez sí. Le apodan “la fiera” por su carácter “apacible” y polémicos numeritos. No pierde escándalo y menos pasa inadvertida, bien por lo que sale de su boca o sobresale del vestido. Pero esta vez quisieron hacerle un favor, cambiando su reputación y hábitat natural por el de una mujer elegante. La cosa funcionó, al menos durante la sesión de fotos, pero todos sabemos que no basta con detergente para remover óxido.
Por mucho que duela al nuevo rico, la clase no se compra con dinero ni se transmite por contacto, a la manera de una infección saludable. Aun así, es la cualidad más inmaterial, pero más propia del auténtico noble (según define el vocablo O. y Gasset). ¿Qué es la clase? Una mezcla que viene en pequeñas dosis, formada por la cantidad justa de gotas de discreción, inteligencia, buenos modales, valores familiares o tradicionales y educación. Como vemos, imposible de adquirir en cuotas o casa comercial, y lo que es más, atraviesa todo el espectro social. Una familia pobre puede tener la misma o incluso más clase que su par acaudalada, como indica O. Contardo en su magnífico libro “Siútico” (palabra equivalente chilena para snob).
Podría ofrecer una extensa tabla comparativa, pero baste decir que ahí donde la chabacanería grita, ostenta y finge, la clase calla, guarda y es. Por lo mismo, no necesita de pirotecnia. Y cuanto más pura y auténtica, más pone en evidencia a quien carece de ella, tal como el oro sólido se distingue a simple vista de la chapa dorada.
Para muestra, un botón: Anacleto Angelini (qepd), dueño de la mayor fortuna personal chilena de los últimos 10 años, que incluso figuraba en la célebre lista de la revista Forbes, vivió casi toda su vida en un sencillo departamento en la comuna de Providencia, mientras muchos magnates de capitales bastante más modestos se apresuran a adquirir vehículos y grandes mansiones para que no se note pobreza. Puede que estén lejos de la pobreza material, pero de la espiritual e intelectual no hay caso. Ni clase.
"El bruto se cubre, el rico se adorna, el fatuo se disfraza, el elegante se viste." (Honoré de Balzac)
martes 24 de marzo de 2009
Clase.
Publicado por
bicho maldito
en
0:16
|
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

























8 comentarios:
Pues yo creo que se necesita mucho valor para hacer lo que te da la gana, aún si eso va en contra de la "moral", "las buenas costumbres" o lo que diga el resto, muchas personas viven reprimidas y no se atreven a expresar lo que sienten y eso para mí es la muerte en vida.
Para mi la falta de clase es también, cuando la gente que posee bien material, se encarga de hacerlo notar a los que no tienen la misma suerte.
Saludos Master colega
Karlo
La clase, como bien dices, no se compra. Sencillamente se tiene o no.
Saludos
Genial este blog amigo... debo reconocer que algunas ideas las tomé del código fuente para 'adornar' el mío (como la frase de Bukowsky). Implícita la invitación... igual la admiración... Un abrazo
Creo que fue en la revista Paula, hace meses atrás. Se veía bien bonita. Pero ahora tiene arraigo nacional por fina. ¿cachaste?
Parece que te leíste "Siútico". Bueno y ácido, ¿no? Y si el libro te dejó con gusto a poco anda a sesienterubio.com.
Es muy chistoso eso de la clase, creo que da para un tratado, especialmente para nuestra idiosincrasia no exenta de los apodados “piojos resucitados” que andan mirándose de reojo sus telas, zapatos y carteras. De esos que son ricos sin cultura, hidalgos de mall, finísimos ilustres importantes sin educación, sin un libro en el cuerpo, sin reflexiones, sólo ilegítimos pedestales donde observan al resto y devoran al mundo con sus palabras de descalificación y clasificación. Pedestales armados de soberbia y dinero.
La clase va en el alma, suene hippie o no. Ahí es donde está.
Abrazote enorme, gracias por su clase master, por el apoyo y cariño!
Sue
La clase va en el espiritu sencillez,humildad,generosidad,dar amor.La riqueza no puede comprar los valores del alma.
Saludos:
Mar Vera
cuanta razón tienes, aunque a veces, algunos ricos lo quieren aparentar por pura estrategia, siendo en el fondo (pocos) buena gente. Elegante ilustración, un saúdo
Publicar un comentario en la entrada