lunes 11 de agosto de 2008

Competencia v/s incompetentes.

Comenzaron las Olimpíadas 2008 en Beijing, China. Si hay algo que define a este evento es la competencia. Dedicación, esfuerzo individual o en equipo, talento y triunfo en buena lid son premiados con una medalla. El mundo sería un sitio bastante más tolerable si las personas valorasen y aplicasen el concepto deportivo de competición en lugar de esa aberración fratricida en que lo hemos transformado.

Un amigo me echó en cara mi desprecio por la competitividad. Estuve diciendo que prefiero la convivencia a la competencia y eso le fastidió, como suele suceder entre individuos de atención superficial. Quería etiquetarme con algún calificativo de índole política, pero no veía manera de meter la cuña. Ni hablar. Tuve que explicarle con manzanitas.

Competir es importante y necesario. La naturaleza, nada menos, funciona y progresa en base a este mecanismo. Sin embargo, tengo serias dudas en cuanto a que el Hombre y los sistemas culturales humanos operen con el mismo altruismo e imparcialidad de los fenómenos biológicos. Baste recordar el modo en que la teoría evolutiva de Darwin fue distorsionada con fines ideológicos: “la supervivencia del más apto” fue arbitrariamente remplazada por la del “más fuerte”, en lo que hoy conocemos como darwinismo social, un auténtico homenaje a la interpretación errónea. Exactamente como ocurre con la noción que da origen a este post.

Vivimos los resabios de una cultura patriarcal en continuo deterioro con cada nueva generación encargada de pasar el relevo. Por culpa de ello es que entendemos la competencia como sinónimo de agresión, depredación o prepotencia, y a quien la critique, como desertor, hippie o debilucho. El fair play se ha ido al carajo. Da igual doparse, hacer trampa o aplastar cabezas con tal de ganar. ¿Ganar? Más bien es imponerse por la fuerza, o por estupidez.

En la popular serie de TV norteamericana The Apprentice (el aprendiz), un grupo de candidatos con varios pergaminos a su haber postula a convertirse en brazo derecho del célebre empresario Donald Trump. Cada uno desea adjudicarse el título honorífico, pero no todos tienen la pasta de triunfador, algo que Trump deja bien en claro a quienes resultan eliminados en cada capítulo: “no eres un líder. Te puse al mando de un equipo y ahora ellos te acusan de prepotente y egoísta. ¿Cómo explicas eso?”. El pretendiente abandona la sala con el rabo entre las piernas y una contundente lección sobre el auténtico sentido de competir: si no es para mejor no sirve, tal como la evolución de las especies.

Un ejemplo de sana competencia y logro legítimo fue la construcción de las torres gemelas Petronas en Kuala Lumpur, Malasia (hasta 2003 la edificación más alta del mundo). Con objeto de erigirlas en tiempo récord y asegurar su calidad, los socios capitalistas formaron 2 equipos de trabajo, uno en cada torre: japoneses v/s coreanos. El orgullo de grupo y los sentimientos nacionalistas fueron empleados de modo literalmente constructivo, para estimular la competencia y lograr la meta. Me pregunto cuantas maravillas formaría la especie humana si apreciara esta idea. Confío en que la llama olímpica nos ilumine un poco el camino.

"No puedo creer que me condecoren. Yo creía que era necesario conducir tanques y ganar guerras." (John Lennon)

14 comentarios:

Rubas dijo...

Yo estoy a favor de ponerme en ambientes competitivos, donde todos tienen algo que aportar. Cuando estoy en un ambientre donde todos esperan recibir de mí, me voy apagando.

Ya lo había dicho en mi blog y mis comentaristas estuvieron de acuerdo... Pero entre ellos, diciendo que esoty mal. Tal vez así sea, pero me gusta pensar que tengo dos ventajas: (1)Me conozco los suficientemente bien para saber qué me funciona y (2) me junto con gente interesante.

bicho maldito dijo...

rubas: en tanto adviertas y apliques la correcta acepción de competencia a que me refiero en el post, no veo problema en que te declares competitivo.

El Cuervo dijo...

El comentario final de John Lennon, enorme. Por desgracia, a título personal pienso que estos juegos olímpicos son una simple pantalla para ocultar o maquillar el mal gobierno que impera en aquel país asiático. Saludos desde la finca.

bicho maldito dijo...

el cuervo: Seguro que sí, hermano, pero cualquiera sea la sede, no incide en el espíritu olímpico. La mejor prueba de ello es que el Domingo recién pasado, las atletas Natalia Pederina (Rusia) y Nino Salukivadze (Georgia) se abrazaron tras recibir medallas, a pesar - y por encima - de que sus respectivas patrias se encuentran en guerra.

Valeska dijo...

Creo que la competencia, en muchas ocasiones, sirve de inspiración o de motivación para hacer las cosas cada vez mejor.

Si no existiesen mejoras cada día, viviríamos en un mundo más conformista que el actual... ¿Te lo puedes imaginar?

**Beattori** dijo...
El autor ha eliminado esta entrada.
mariajesusparadela dijo...

Es tan completo lo que tu dices, que solo puedo aplaudir y darte la medalla de oro del debate.

**Beattori** dijo...

Siento que hay una GRAN ignorancia con respecto al sentido de la competencia, primero que nada no encuentro que el tema de “superación” sea propio del competir con el resto, al decir esto estás diciendo que sin presión no harías nada por ti mismo y que finalmente necesitas ser mejor que el resto para sentir que creces, que real basura, perdónenme los señores y señoritas de allá arriba, la competencia parte por casa.

En el trabajo por ejemplo, muchos jefes les imponen a sus trabajadores este concepto tan sobre valorado de “competencia” con tal de llevarse unos millones más, instaurando un sistema que termina por generar tensión entre los propios compañeros de trabajo y los pobres en vez de mirar y criticar hacia arriba, sus ojos se vuelven horizontales, mala cosa.

Si estamos hablando de crecer, cambiaría la palabra competencia por: retroalimentación. Competir es competir.

Por último, creo que el concepto de competencia cada vez está más añejo, siendo reemplazado por visiones mucho más altruistas y sanas al espíritu. Lo del reino animal no lo descarto, pero al menos ya sabemos que no es necesario matar a un ser humano para comer :P

Eso sería, un abrazo y suerte!!!

Andres Ospina dijo...

La competencia como fundamento de la evolucion es una apreciacion parcializada; el mundo vegetal ( el sintetizador mas eficiente y exentrico de energia solar, el precursor de todas las especies animales)opera en su mayoria por relaciones simbioticas.
El ejemplo que pones malbicho tampoco es valido. Esas torres no se construyen por competencia, se construyen por relaciones de cooperacion para mutuo beneficio (el obrero trabaja motivado por su pago, del que se lucraban inversionitas y constructores).

bicho maldito dijo...

valeska: es exactamente mi punto, siempre y cuando se asocie al correcto y positivo sentido de competir.

**beattori**: tal como tú y yo comentamos en otro boliche sobre el tema de la autoridad, creo que es la distorsión de un concepto lo que lo convierte en equivocado o amenazante, no el concepto en sí mismo.

Fíjate cómo termina tu comment: "al menos ya sabemos que no es necesario matar a un ser humano para comer". Más allá de la ironía, esa frase lleva implícita la idea de que el reino animal compite para destruirse. Nuevamente, herencia del equivocado darwinismo social. Que yo sepa, la humana es prácticamente la única especie que en muchos ámbitos compite para hacer o hacerse daño deliberado.

Un sabio proverbio reza: "sin presión no habría diamantes", y pienso que esto es válido para todos los seres vivos, incluido el hombre. En tal sentido, competir es un estímulo que genera progresos. Desde luego, dos bandos pueden competir para fabricar puentes o bien armas de fuego que utilizarán para aniquilarse mutuamente. Creo que allí donde el resultado sea destructivo más bien que constructivo, dejamos de hablar de competencia para referirnos a rapiña o directamente guerra. Pero en competir por superarse, por extender los límites de la capacidad individual, social o de la especie, veo antes virtud que defecto.

andres ospina: si bien hay bastante de verdad en tus argumentos, también admiten ciertos reparos, o en términos de sana competencia: complementos.

No tengo dudas respecto a las cualidades y modo en que ha prosperado el reino vegetal, pero sería inexacto plantear que este puede sustraerse al principio de selección natural, quizás el más puro, benéfico y acertado sentido de competencia: la que deriva en evolución, en progreso, como indico a beattori más arriba. Te aseguro que desde las especies más elementales, todas compiten por hacerse un lugar en la Tierra y evitar la propia extinción. El punto es que no están ocupadas en aniquilar al resto, sino más bien en difundirse.

Difiero de tu apreciación sobre el ejemplo de las torres Petronas. Si hilamos fino, los atletas olímpicos también trabajan motivados por sus auspiciadores, pero apostaría que en último término acuden a los juegos para romper marcas y ganarse un lugar en los libros de historia deportiva. No es invento mío que la sana competencia entre los equipos de obreros japonés y coreano fue el principal aliciente para construir el edificio en tiempo récord. Yo simplemente lo transcribí. Además no todo es dinero. Ya ves que un estudio entre obreros de distintas fábricas de EEUU, hace unos años, arrojó que la mayoría de ellos seguiría trabajando aun si tuviesen todas sus necesidades materiales y financieras cubiertas. El pago es la guinda de la torta, no la torta.

Andres Ospina dijo...

Valido: no solo de pan vive el hombre; asi como no solo de cooperar.
A donde apunto es que los atletas ganando el oro se difunden, se establecen; beneficiando a sus patrocinadores. Asi como los predadores exitosos se benefician a si mismos y a su prole.
El enfoque competitivo vela las relaciones de cooperación subyacentes; utiles de apreciar para equilibrar el sistema de valores actual.
Creo que no hay que hacerle un apice mas de fuerza al sobredimensionado y explotado exito.
El exito absoluto de la eficiencia humana seria el fin por sobrepoblacion de la diversidad de las especies.

Mariano Cirigliano dijo...

Muy bueno el blog, te pasas por el mio?. Te mando un saludo!. Nos pasamos links?.

**Beattori** dijo...

Bicho Maldito: Concuerdo Bicho...

Juan Mariano dijo...

Quiero intervenir en el tema de la "evolución". Estoy de acuerdo con Bicho maldito en que existe un mejoramiento en la naturaleza que se da a través de la competencia. Pero como bien marca Beattori, uno puede interpretar ese mejoramiento de muchas maneras; en definitiva, hay problemas para decir qué quiere decir "mejor". Y la competencia se basa en ese término. Sin embargo, esto no debe ser más que un desplazamiento de la confusión. Yo creo que el problema está, entre otras cosas, en que precisamente siempre se están discutiendo nuevos moldes de pensamiento para aceptar como mejoría cosas diferentes. Tal vez porque todas las cosas cooperan en las situaciones de la vida, y todas pueden convertirse a la larga en valorables para la existencia.
Lo que me pregunto es esto: si ya sabemos de antemano que el sentido de una mejoría lo conoceremos siempre luego de la experiencia, por qué no podemos volcar toda esa energía clasificatoria en aceptar siemplemente que, por necesidad y azar, todo siempre ha de cambiar para mejor... lo cual nos ahorraría mucho mal humor y nos haría ver la competencia deportiva más como un reto de espíritu que un entretenimiento televisivo.